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domingo, 21 de septiembre de 2014

Gazpacho Andaluz; Receta, Historia y Curiosidades.



«Más quiero hartarme de Gazpachos, 
que estar sujeto a la miseria de un médico 
impertinente que me mata de hambre»


Sancho Panza en el Quijote.
Miguel de Cervantes 

De Andalucía




Puede que comenzara la historia de nuestro Gazpacho en la vieja Roma con sus legionarios cruzando los campos andaluces; reponiéndose de sus largas caminatas con una sopa a base de agua, vinagre, pan y ajo; a la que llamaban Posca, una bebida refrescante con agua y vinagre que bebían los soldados romanos. También podría estar relacionado con el moretum o «mortero» romano, que denominaba a todo un género de salsas y sopas frías majadas con queso, aceite, vinagre y hierbas.

La costumbre de refrescarse con bebidas majadas (machacadas) las narra Publio Virgilio Marón en el siglo I. Cuando describe cómo una esclava llamada Testilis ofrece a los segadores una mezcla de ajos majados con hierbas aromáticas y vinos añejos.

Luego, con el paso del tiempo, es de seguro que dicha bebida legionaria, fuese acogida por campesinos y segadores como reconstituyente nutricional para combatir el desgaste de las largas y calurosas jornadas en el campo.


Con la llegada de Al-Ándalus se incorpora al majao la almendra y el cilandro, así dicha sopa se transforma y se refina dando lugar a los deliciosos Gazpachuelos, el Ajo blanco malagueño o la deliciosa Mazamorra cordobesa.

A mediados del siglo XVI se introduce el tomate en tierras españolas procedente de las América; y es de referir que ya en 1608 aparecen documentos en forma de listas de la compra destinadas al Hospital de la Sangre en Sevilla, y que indican la presencia de tomates y pepinos para la elaboración de ensaladas.

Sebastián de Covarrubias decía allá por 1611 en su «Tesoro de la Lengua Castellana» que los gazpachos en plural son «cierto género de migas que se hace con pan tostado, y aceite, y vinagre, y algunas otras cosas que les mezclan, con que los polvorizan. Esta es comida de segadores, y de gente grosera, y ellos le debieron poner el nombre como se les antojó». No se aclaraba ni él, porque acto seguido contaba que su origen podía ser toscano o hebreo. Pero lo importante es que ya entonces el gazpacho era una receta triturada (polvorizada) con aceite, vinagre y varias cosas más, propia de trabajadores del campo. Así siguió siendo durante unos cientos de años más: una sopa avinagrada hecha en mortero que englobaba diversas versiones a base de ingredientes humildes. La cocina andalusí también era dada a este tipo de migas hechas en almirez con pan o harina, sal, vinagre y aceite, como el almorí, o el antecedente con almendras del ajo blanco.

A pesar de ello, no existen fuentes que corroboren la incorporación de los tomates como ingrediente de la sopa hasta comienzos del siglo XIX.

Entre las cuadrillas de jornaleros existía la figura del Gazpachero que era el encargado de elaborar y preparar la comida a las concentraciones de trabajadores en los cortijos andaluces, y esto le obligaba a majar (machacar) y moler los ingredientes en un dornillo de madera.

La internacionalización del Gazpacho se debió inicialmente a Eugenia de Montijo, consorte de Napoleón III que fue la responsable directa de llevar la receta a Francia y de la posterior popularización de la sopa por parte de los escritores ingleses como William George Clark, Richard Twiss y la del francés Théophile Gautier.


Siendo en el siglo XIX, cuando el Gazpacho pasa a formar parte desde las clases más humildes a las mesas de la sociedad burguesa.

Pero vayamos a la realidad, por más que nos cueste asimilarla. La primera receta oficial del Gazpacho proviene de la norteamericana Mary Randolph (1762-1828) que fue una dama de buena familia, emparentada con la flor y nata de los recién independizados Estados Unidos. Los Randolph prosperaron consiguiendo buenas colocaciones para todos sus hijos. Uno de ellos fue yerno del tercer presidente americano, Thomas Jefferson, y el marido de otra hermana fue designado para diversos cargos diplomáticos, entre ellos el de cónsul en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz.

Mary Randolph, aficionada a la cocina, debió de cruzarse cartas y recetillas con su hermana residente en España. Atravesando seis mil kilómetros y un océano llegaron hasta Richmond (Virginia) instrucciones para hacer cocido, ropa vieja o gazpacho. Todos estos platos aparecieron en el recetario de Mary: «The Virginia House-Wife» (1824) aunque con nombres sui generis como «ropa veija» y «gaspacha».


El «gaspacha spanish» de Mary Randolph es de momento y hasta que no encontremos otra receta, la más antigua de gazpacho andaluz con tomate.

Gaspacha

«Pon galletas o pan tostado en el fondo de una ensaladera, coloca encima una capa de láminas de tomate sin piel y otra de pepinos laminados, espolvoreados con pimienta, sal y cebolla picada; haz así hasta que la fuente esté llena, guisa algunos tomates hasta que estén blandos, exprime su jugo, mézclalo con mostaza y aceite y échalo por encima; prepáralo dos horas antes de servirlo».

En el verano de 1886, es cuando el periodista Mariano de Cavia convocó el primer concurso de gazpacho en Madrid. En él se consideraban platos de tres categorías: gazpacho clásico y tradicional, romántico «en el que deje volar su imaginación el cocinero», y «a la moderna, que dé a cada ingrediente su valor, y si es posible, un sabor cosmopolita». Los premios consistían en un alfiler de corbata de oro con un pepino esmaltado, un bastón con el puño en forma de tomate y unos gemelos semejantes a dos pimientos. El jurado estaba formado por «siete hijos de las siete ciudades árabes de España»; es decir Sevilla, Córdoba, Granada, Málaga, Murcia, Valencia y Zaragoza. (El Liberal, 15 de julio de 1886).


INGREDIENTES

Un kilo y medio de tomates maduros.

Un pepino pequeño.

Dos pimientos verdes pequeños.

Un cuarto de kilo, aproximadamente,

de pan del día anterior y remojado en agua.

Un diente de ajo.

Una taza de aceite de oliva virgen extra.

Dos cucharadas de buen vinagre de vino.

Agua fría.

Sal.


ELABORACIÓN

Se pellizca el pan y se remoja en un poco de agua, dejándose empapar.

Se suele colocar al fondo del recipiente del que vayamos a triturar.

Se lavan las demás verduras.

Se le quita el rabillo y semillas al pimiento.

Al tomate se le trocea y en general no se suele pelar. Aseguraos de que su jugo se incorpora a la trituradora.

El pepino hay quien lo pela, yo no suelo hacerlo. La piel se queda en el colador, eso sí; lavarlo bien. Se trocea y se desechan los extremos del mismo.

El diente de ajo se pela y se añade a la trituradora.

Ahora tenemos ya todos los elementos vegetales picados, junto al pan en el vaso triturador o recipiente destinado para el uso.

Un poco de agua, para que bata bien y poco a poco añadimos el vinagre, aceite de Oliva y sal.

Cuando quede una pasta homogénea probamos y rectificamos si es necesario.

Mucho cuidado con el vinagre.

Ahora toca colar el gazpacho.

Con un colador tipo chino vamos colando el mismo, comprobamos la consistencia. Si nos queda demasiado espeso añadimos un poco de Agua.

Lo volvemos a probar definitivamente y le damos el último toque si consideramos necesario; he introducimos en el refrigerador para que se enfríe.


OBSERVACIONES Y CURIOSIDADES

Existe multitud de variantes, cada pueblo o comarca le añade su toque personal; manzanas, cebollas, zanahorias, hierbabuena...

Para tener buena idea de ello, añado esta pequeña guía;

Sevillano:

Ajo, pimiento, tomate, pan, agua, aceite, vinagre, sal. 
Tropezones de pan, cebolla, huevo duro y pepino.

Cordobés:

Ajo, pimiento, tomate, pan, agua, aceite, vinagre, sal. 
Tropezones de pan, huevo duro, manzana, cebolla, pepino.

Gazpacho verde de Huelva:

Ajo, cilantro (perejil, pimiento verde o albahaca), pan, aceite, vinagre, sal, lechuga o escarola.

Ajoblanco de Montilla:

Ajo, habas secas trituradas, sal, aceite, vinagre, clara de huevo, agua.

Gazpachuelo de Antequera:

Mayonesa, ajos, agua helada, un poco de sal, pan de rosca.

De piñones de Córdoba:

Ajo, varios piñones, pan, aceite, sal, vinagre, huevo muy batido, un poco de agua.

De Écija:

Ajo, pimiento, tomate, pepino, pan, agua, aceite, vinagre, sal. El pepino va muy triturado.

Ajoblanco de Málaga:

Ajo, almendras, pan, sal, aceite, vinagre, leche, agua. Como guarnición uvas, manzana o melón.

En Obejo: 

Se elabora un gazpacho rojo que se emplea en el escabeche de platos de carne.

En Córdoba: 

Entre los gazpachos rojos se encuentra el Salmorejo (un gazpacho sin agua), es empleado como un plato o a veces como salsa.

El de Carnerete:

En el que la miga de pan va frita, 

En Almedinilla:

Tenemos el Pimporrete, único gazpacho sin aceite: solo lleva ajo, miga de pan, tomate y vinagre y principalmente el salmorejo que se trata de una crema muy espesa hecha con más pan y tomate y menos agua que suele ofrecerse con virutas de jamón serrano y huevo cocido troceado o de codorniz.


Curiosidad Nutricional

El Gazpacho es una fuente natural de vitamina C (principalmente por el contenido de pimiento), vitamina A y vitamina E, hidratos de carbono, algunos minerales como son el fósforo, hierro, calcio, magnesio, manganeso, zinc, cobre, potasio y sodio, además de fibra vegetal y sustancias antioxidantes como el licopeno responsable del característico color rojo de los tomates y los carotenoides.

Este contenido de colorantes es tanto mayor cuanto más maduro sea el tomate.

Posee, además, diversos compuestos fenólicos presentes en las verduras. Por regla general unos 100 ml de gazpacho poseen entre 44 a 55 kcal dependiendo del contenido de pan.

El Gazpacho por la composición de sales es considerado una bebida isotónica (sobre todo el tomate que regula los niveles de potasio en el cuerpo) que evita la hiperhidratación durante los meses de verano.

El contenido de Ajo hace que tenga además ciertas propiedades de vasodilatación.

El empleo de Gazpachos en dietas se ve justificado por su efecto saciente, esta característica se ha comprobado en estudios diversos realizados sobre su consumo en seres humanos.


jueves, 7 de agosto de 2014

Sopeao Almensillero



«Y cuando estemos en la honda campiña,
saborearemos entre campesinos
de muchos saberes y labia de recios perfiles,
el rico Sopeao».

Daniel Pineda Novo
Poeta nacido en Coria del Río

De Almensilla (Sevilla)



Hablando de Sopeaos nos podríamos llevar hasta mañana, genuino hermano de Gazpachos, Salmorejos y Porras. ¿Quién comenzó primero?
Todos nacen de una misma madre; el pan, el aceite, el vinagre y la sal. Luego llegaron los demás elementos; y conforme las culturas arribaron en nuestras tierras se fue enriqueciendo el producto.

Su primera procedencia puede quizás que llegara desde la lejana civilización Fenicia, luego le siguió la vieja Roma, enriquecido más tarde por los matices y aromas aportados por Al Ándalus y siendo rematado, definitivamente, con la llegada de las hortalizas de las tierras americanas.

Consiste el sopeao en moler y en majar, sobre un lebrillo de barro o madera, dependiendo de la zona. Aunque he visto lebrillos tallados en la misma roca en la sierra norte de Sevilla donde el campesinado se reunía, careciendo de medios, para efectuar la molienda. En aquellos en los que la necesidad de comida era tan imperiosa que no importaba el utensilio y ni el menaje. En algunos lugares el cucharón para degustar he ingerir el alimento se creaba sobre la marcha partiendo del producto en sí, como los pimientos verdes, por ejemplo, se recortaban y conformaban una cuchara, también las cascaras de la naranja o del limón.

Así, fue pasando el tiempo y este compendio quizás hoy coronado como rey de la alimentación vegetal se ha erigido en el zenit alimentario andaluz; cuyo destino principal era el de refrescar y paliar el desgaste energético en las duras labores del campo, bajo un sol que abrasaba en esas interminables jornadas de verano.

De haberlos hay muchos, le he dado el honor a la población de Almensilla de ser titular por razones estrictamente personales, Sopeaos los hay en toda la campiña y en toda la baja Andalucía con sus variedades correspondientes, aportadas por la tierra y naturaleza del lugar. Plato compartido y participativo de cuando las carestías nos hacía reunirnos en torno al grupo para hacer más más llevadera la carga del día.
Sin más, va siendo hora de ponerse en marcha.


INGREDIENTES

Un kilo de tomates maduros

Pan del día anterior

Un pimiento verde

Un pepino

Una cabeza de ajo

Aceite de oliva virgen extra

Vinagre de Jerez

Dos huevos cocidos

Una lechuga

Dos huevos cocidos

Melón y uvas moscatel
(opcional)

Sal


Foto sacada del Blog "Los Fogones de mi memoria"


ELABORACIÓN

Comenzamos lavando las verduras.

Seguidamente y si disponemos de tiempo se pela el tomate.

Majamos en recipiente amplio y adecuado para ello; lebrillo o dorillo.

Comenzamos con el majao, machacando los dientes de ajo pelados, sal, tomate, pimiento y las migas de pan, rehogadas en agua.

Le vamos añadiendo, progresivamente, el aceite.

Debe quedar una masa densa y prieta a la que le añadimos algo de agua muy fría, y el por último el vinagre.

Una vez conseguido el punto de sal, añadimos más pan troceado y dejamos que se embeba en el sopeao.

Le incorporamos la picada de huevos cocidos, la lechuga cortada, pepinos pelados y troceados, las uvas, trocitos de melón y cuanto consideremos oportuno.

Tened en cuenta he dado un amplio repertorio de posibilidades, pero en aquellos años lo lógico es que tan solo se le añadiera los trozos de pan y alguna que otra lechuga.

Si nos sobra algo de líquido lo retiramos con un cazo; recordad que el sopeao debe quedar muy espeso.

Dejamos reposar al menos quince minutos, si es en el interior de la nevera.

Finalizamos vertiendo un chorreón de aceite sobre el sopeao.



OBSERVACIONES

Admite; atún, caballa, sardina o arenque, cebolla, rábanos...

Se suele compartir en comunidad; es decir, se come del mismo recipiente todos juntos y cuchara en mano.

En principio aquellos ingredientes que asoman en la parte superior del sopeao como el pan, huevo o lechuga, luego conforme se va consumiendo llegamos al corazón del majao.

Plato, vitamínico y energético; cargado de fibras, cien por cien vegetales.

En algunos pueblos se le denomina Rin-Ran al majao primero; no confundir con el Rin-Ran de Jaén que suele llevar pescado y no tiene nada que ver con nuestro sopeao, ni con la Porra Antequerana que se acerca más al Salmorejo al ser esta una masa mucho más fina.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Crema Fría de Remolacha con Aguacate y Queso.


«Amélie no se explica por qué se preocupa tanto 
por alguien que come sopa de remolacha 
y lleva un tiesto horrible por sombrero»

Del film "Amélie" de Jean-Pierre Jeunet

De Málaga 


Sigue el verano y esta vez toca remolacha. Siempre me sedujo del color de esta sopa o crema, la conocí en la costa del sol hace años. Como diría Isabel Allende en su obra literaria y gastronómica «Afrodita»; una receta para enamorar.

Pero de eso hablaremos otro día.

Saludos Ricardo, a 7 de agosto del 2013


INGREDIENTES

Una o dos piezas de remolacha cocida

Un yogurt natural o griego sin azúcar.

Una pera de agua (conferencia) o una manzana dulce

Un pepino

Un trozo de melón dulce

Medio litro de nata líquida

Aguacate para decorar

Zumo de limón

Pimienta blanca

Jengibre

Sal


ELABORACIÓN

Como un gazpacho, todos los elementos en la trituradora; la remolacha troceada, el yogur, la pera o manzana cortada, un pepino pelado y cortado, el medio litro de nata líquida, un poco de zumo de limón.

Punto de sal, jengibre y pimienta blanca.

Como guarnición el aguacate, cortado en láminas y que sobresalga al rosa intenso de la remolacha.

Recomiendo pasarla por el colador, probar siempre. Que no quede sosa, ni carente de sabores, si consideráis necesario un poco de curry le puede ir fenomenal.

Servir muy fría.


OBSERVACIONES

La mayor dificultad de este plato consiste en que la sopa no nos quede insulsa.

Hemos ido probando ingredientes a ingredientes como en un laboratorio y al final nos hemos decantado por los ya mencionados pues, aunque es una receta sencilla de elaborar buscábamos resaltar el paladar.

Veraniega y fresca de colorido atrayente.

Le va como acompañamiento la albahaca, los piñones, la manzana...

Si os atrevéis un poco de queso viejo, como el payoyo que combina perfectamente.

sábado, 20 de abril de 2013

Gazpacho de Fresas




Porque lleno de amor te mandé un día
una rosa entre fresas. Juana mía,
tu boca, con que a todos embelesas,
beso la rosa sin comer las fresas.

Al mes de tu pasión, una mañana
te envié otra rosa entre las fresas:
más tu boca, con ansia, y no amorosa,
comió las fresas sin besar la rosa.

Ramón de Campoamor


De Huelva


Hola gente cocinera, de nuevo por aquí. Esta vez toca experimentar, un nuevo plato. Hemos tenido que mejorarlo debido a que ninguna de las recetas nos satisfacía plenamente.

Tiempo de fresas relucientes, cargadas de rojo que insinúa intensidad y unas ganas locas de vivir. Refrescantes, dulces y de aroma inconfundible.

Una fruta incomparable; las tomamos con nata montada, con leche condensada, bañadas en azúcar y canela, en macedonia, incluso nos atrevemos en mojar algún licor o bañarla en la copa como fruto insinuante.

¡Que nos traiga alegría y vida estas fresas de abril, que nos traigan frescura y renovación... ganas de correr, de atrevernos con ese rojo pasión...!

Buenas Tardes y Buena Feria de Abril.

Ricardo, a 20 de  abril del 2013


INGREDIENTES 


Medio kilo de fresas 
(Aproximadamente)

Medio diente de ajo 
(Tamaño mediano)

Dos manzanas

Medio pepino pelado y sin pepitas.

Una cucharada de azúcar

Zumo de dos limones

Aceite de oliva virgen extra

Una pizca de curry

Una pizca de pimienta negra

Sal

Guarnición:

Kiwis 

Dados de manzanas

Nueces picadas

Aguacates para decorar


ELABORACIÓN

Limpiamos y lavamos las Fresas.

En un cuenco agregamos las fresas, las manzanas troceadas y sin piel, el trozo de diente de ajo y el pepino.

Pasamos por el brazo triturador y añadimos el zumo de limón, probamos siempre de sabor, por si consideramos suficiente con el zumo añadido.

Añadimos y mezclamos, bien con una cuchara o varilla el aceite de oliva, pues con el brazo triturador y al ser poca cantidad nos puede producir amargor.

Ponemos apunto de sal, pimienta y añadimos el curry; un poquito bastará ya que su sabor jamás debe sobresalir.

Decoramos con aguacate en láminas o troceado.

Sal y pimienta negra molida.


OBSERVACIONES

Comenzamos este experimento con varias recetas, pero ninguna nos satisfacía. Demasiados insulsas, y otras con una inadecuada mezcla de sabores.

Así que nos pusimos manos para intentar sacar algo que nos gustase y que ofreciera un sabor digno al paladar.

Reducimos el ajo, hasta la mitad del diente he incorporamos manzanas para suavizar el sabor. Decidimos prescindir del vinagre, cambiándolo por el zumo de limón.

El aceite de oliva buscamos uno suave y de calidad. No me atreví a triturarlo como se hace tradicionalmente con el gazpacho, sino que lo incorporé una vez realizada la receta, con suavidad y mimo.

El curry se nos ocurrió una vez concluida la receta; deduciendo que le falta algo.

Miramos el cajón de hierbas y especias; ¿eneldo? ¿cebollino? ¡No!

Con una pizca de curry bastará para realzar el sabor del caldo.

Y así fue.

Decorado con unas finas láminas de aguacate, que contrastan a la maravilla con el intenso color de fondo.

Recordamos que el curry es una mezcla de especias en sí, y por supuesto su calidad depende de la calidad del fabricante.

Por regla general llevan las siguientes especias: Ají, Albahaca, Alcaravea, Azafrán, Canela, Cardamomo, Cebolla seca, Apio, Cilantro, Comino, Cúrcuma, Fenogreco, Jengibre, Mostaza, Nuez Moscada, Pimienta de Cayena, Pimienta y Tamarindo.

Combinan a la perfección un yogurt natural y el kiwi.